Adriana es una mujer increíble, la amo y le debo gran parte de lo que soy.
Es exigente, pero tengo la certeza de que muere por su esposo todos y cada uno
de sus hijos. Adriana no es mi vieja, es mi mamá. Quería poner en el título así
para que suene un poco más groso y menos cursi, pero como sé que ella va a leer
esto vale esta aclaración.
Bueno, resulta ser que a esta señora se le ocurrió que no era lo
suficientemente mimada por su familia, así que resolvió hacer algo para
llamarnos la atención. Un miércoles de mañana cuando iba a trabajar, estaba
cruzando la avda. Eusebio Ayala ahí al costado del viaducto de isopor cuando
(nadie sabe de dónde) le salió una moto y ya nadie pudo evitar el impacto.
Tranquilos, el motoquero no trató de escaparse y mi mamá no sufrió nada muy grave:
solo un par de hematomas importantes y una pequeña fractura en el maxilar
superior, lo que le supuso un corte profundo en el labio y la pérdida de 6
dientes. Dos noches en el sanatorio, estudios y supervisión médica pero todo
tranquilo. Lo peor de todo, en realidad, fue el susto que nos pegamos.
Una semana sin alimentos sólidos ni actividad física, es decir reposo y
mucho helado. Entendamos que mi mamá es un poco hiperactiva, como toda mamá por
lo menos, entre que la casa esté limpia y ordenada, que se lave la ropa, que la
cocina, etc. Pero a pesar de todo esto conseguimos mantenerle un poquito
tranquila, casi de reposo verdadero, a fuerza de besos, abrazos y mucho cariño;
alguna que otra broma por el intento de parecer Steven Tyler, la exageración y también
algún momento incómodo como un intento de cortar cinta skotch con los dientes
(epa, qué dientes?) , las risas y alguna que otra lágrima.
Finalmente, esta semana el médico le liberó del reposo y ayer le pusieron “dientes
nuevos”. Pero al final, con todo esto, nos dimos cuenta de lo importante que es
ña Ardi para todos nosotros, y es una pena tener que pasar esa clase de sustos
o incluso perder algo para darse cuenta de lo mucho que vale y lo significa
para uno. Gracias a Dios, esta vez la sacamos barata, aprendimos la lección. Y
de paso descubrimos algo…La sonrisa de mi mamá nunca dependió de sus dientes.
MAMI: SOS TODO! ♥

Que Idola la vieja! Y la que escribio esto tambien puede ser.. Me gusta!
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